I
Aquél cuento del estudiante de Medicina al que aplazaban en anatomía porque al esqueleto en que estudiaba le faltaban los astrágalos, es tan cierto como esa historia del profesor Lenguaviva. Enseñaba huesos, músculos, arterias y plexos, sólo con nombres en latín. Ni una sola arteria en español. De ahí, al graduarse, casi todos sus alumnos atendieron consultorios de levita y galera.
II
Desde hace años trata de desentrañar la anatomía del pensamiento puro. No de los sueños, que para ello está Freud. Del pensamiento puro, que sale espontáneo y fluidamente de una conversación, de un soliloquio. ¿Qué anatomía tienen esos cuerpos de palabras, esos escenarios donde algo puede suceder, esos vínculos misteriosos entre esto sí, aquello no? Tampoco las hipótesis filosóficas. Cierra el libro y decide que el tema da para poco.
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