I
Hechizos, maleficios, dependen de quién los interpreta como tales. Más vale llamarlos sortilegios, palabra en la que cabe cierta seducción de lo innombrable. Ella conoce su arte para envolver y agradar, para sugerir y ser temida. Tiene el don de la adaptabilidad y de la mutación. Hoy, convertida en víbora, clava sus colmillos en el primer cuello que se le cruza. Un machete corta la cabeza de rubios cabellos.
II
El médico me lo ha reiterado: mis ausencias corresponden a un petit mal. Así se le dice a la epilepsia. Y me da pastillas. Sigo con mis ausencias y lo tengo bien claro: es él quien se interpone en mi cerebro y me introduce cuervos que lo picotean, que lo perforan. Hoy he hecho un trato con el maligno. Se los devolveré uno a uno, con sus pastillas, y mis ausencias se le introducirán para siempre. (En el trato, yo debo comenzar a estudiar medicina).
III
Corta el silencio a hachazos. Cambia de lugar los pensamientos. Y a esa estantería de ideas que no aplica nunca, le pone fuego. Entonces, sólo entonces, comprende que está a tiempo para transmigrar su alma.
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