I
Consagra todos los días el amor, acostándose entre almohadones de raso. La acarician James Stewart y Gary Grant. Al oído le susurra palabras James Dean. Y si se concentra –sólo si se concentra- el hirsuto carnicero de enfrente la posee.
II
No es así. Por cierto que no es así. Sábanas de algodón y algún pensamiento esquivo, talvez de Gary Grant, mientras él se prepara. Y después toda la fuerza bruta que hace de mí lo que quiere, como si fuera una res. Consagración de la carne, más vale…
III
Ha consagrado su vida a Dios. Pero no en el convento: es la que escribe cartas. ¿Cómo es eso? Simplemente, todos los pedidos, en forma de oraciones, los escribe con tenue caligrafía y ensobra: sin sellos. Después –sin cobrar un centavo a nadie- va a la sacristía
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