I
Ha surcado mares. Ha visto sirenas de verdad y tritones. Ha superado maremotos y diluvios universales. Pero sigue impertérrita en su desnudez airosa. De madera pintada, ha enamorado a varios marineros y todavía la saludan en los puertos con nostalgia.
II
Son un centenar los mascarones de proa que Quinquela Martín ha ido salvando de barcos abandonados. Nunca hubo una protesta ni un solo suspiro por el encierro. Sin embargo, en ciertas noches, en el museo se oyen sonidos extraños de oleajes, como de vientos marinos, como un chillar de albatros, que descolocan al guardián. Enciende las luces, entonces, y todo recupera su orden.
III
¡Todas las verdades al sótano! A la oscuridad más cerrada, para que nadie las vea: ni la propia luz. Ese sótano en que un mascarón olvidado, corroído por las termitas, sigue viajando por Asia y por la Polinesia, llevando esas verdades a los cuatro vientos.
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