I
Recibió una postal de Persia. Le impresiona que es de Marco Polo, pero la firma es ilegible. No le da mucha importancia. La verdad, la verdad, hubiera preferido que se la enviara Ulises.
II
El país de la seda de Rabelais es brillante. Enceguece, de tanta luz no tamizada. (¿Lo conoce usted, quizá?) Allí he ido a buscar oros caídos. No hallé uno solo. En cambio, una arpía me cruzó el rostro con sus uñas y he quedado escrito para siempre.
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