I
Juguemos a las adivinanzas. ¿Cuál es el cuerpo más chico de la criatura más grande del universo? ¿En qué región se acumulan las culpas de los penitentes que no fueron absueltos? ¿Cuánto se debe pagar por las ilusiones rotas de los minusválidos y las protestas de los colmados? ¿Cuál es el don que Dios se niega a dar a los mortales (y no es la inmortalidad)? Si usted responde a una sola con exactitud, le doy mi bendición.
II
Me enseñaron a jugar de adulto. No a las cartas. No a la ruleta. Me enseñaron a jugar a la vida, que no es un toma y daca. Como soy un tanto distraído, no entiendo las reglas del juego. Y me salen a veces las cosas alteradas. El principio se imposta como final. Y viceversa. Entonces, pienso que era más fácil cuando no sabía jugar y todo, prácticamente todo, me salía bien.
III
A menos que el tranvía pase frente a mi casa, seguiré hasta la estación. Allí sacaré otro boleto y, a menos que el tranvía pase frente a mi casa, seguiré hasta la estación.
IV
Me divierte olvidar los onomásticos de mis amigos. Ellos creen que soy un distraído, pero lo hago para que tengan en cuenta que simplemente yo me olvido y me absuelvan de todo compromiso.
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