I
No creo en los maleficios ni lo creeré nunca. Pero hay una vecina que algo debe saber de eso. No usa reloj, pero llega a tiempo para todas las desgracias. Ayer, la cosa fue más puntual: salió corriendo de su casa, dejando la puerta abierta, y se plantó en la esquina. Justo a tiempo cuando una avioneta cayó del cielo y aplastó el ómnibus de escolares.
II
De mucama que es, quiere pasar a empresaria. Sí: así de preciso. Pero no por influencias de su patrón (que se fija en ella). Ni las de su hijo (que se fija en varias). Quiere serlo por propio esfuerzo. Y comienza un curso de Teneduría de Libros. A poco, se convence que por ese camino no llegará nunca. Almidona de nuevo su delantal y piensa que, maleficio mediante, el patrón enviudará en semanas.
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